Hace cinco años y algo más, según el momento en que se lea este texto, nacía públicamente un nuevo colectivo musical en España: Sigma Project. La idea latía en la inquieta mente de algunos artistas batalladores desde hacía al menos diez meses antes. Pero hubo que esperar a un concierto en la 69a Quincena Musical Donostiarra para que cuatro saxofonistas vestidos de ángeles o de luchadores de algún arte marcial (blanco riguroso y descalzos), aparecieran por primera vez en nuestra geografía el 27 de agosto de 2008.

Su segunda aparición artística me atañe personalmente en mi condición de antiguo Director del extinto CDMC, fue en el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía el 27 de octubre de ese mismo 2008, dentro de las temporadas del Centro que tuve el honor de regir. Y, desde entonces, no han parado de dar conciertos por España y por el panorama internacional.

Son, pues, cinco años intensos; años que coinciden, por ejemplo, con la crisis económica y social que nos abate. Pero también coinciden con la fecundidad de un proyecto hasta cierto punto insólito, como lo son todos los buenos, y que parecía nacer ya muy madurado y completo.

La verdad es que si la aventura de Sigma Project fuera un delito, habría prescrito. Y puede que tenga algo de maravilloso delito nacer con esas ganas y esa ilusión al mismo tiempo que podían alardear de veteranía y altísima profesionalidad.

[…] Así pues, felicito a Sigma Project por mantener su apuesta con pulso firme y me congratulo de ver que el brote blanco (color “stockhauseniano”, como ellos dicen, y elegido para la mayoría de sus vestimentas en conciertos) es ya tallo fuerte y que sus cinco años y lo que viene sean ya parte de la historia de la música española contemporánea. A algunos puede que esto les importe poco, pero para mi es la vida misma, y estoy seguro de que para ellos también. Por ello, infinitas gracias y mucho ánimo para el resto de su vida artística.

Jorge Fernández Guerra (Premio Nacional de Música 2007).

Madrid, octubre 2013